jueves, 27 de enero de 2011

Capítulo 1.

Hora punta. El metro estaba atestado de gente de todo tipo. Había un chico con grandes cascos morados y un patín agarrado a la barra, preparado para salir en la siguiente estación. Sentados en los asientos azules, ella podía ver, de lejos, a dos ancianos. Su pelo blanco y las arrugas de su rostro tenían un significado. Sonreían. Eran felices, se notaba en la forma en que se cogían de la mano. A su lado, un hombre vestido de chaqueta hojeaba el periódico, quizá volvería a casa después del trabajo. Allí había muchas personas, y ella estaba parada entre todas ellas. De esas personas, la mayoría tenían un objetivo, sabían a dónde iban, pero ella no. Ella estaba quieta, sin moverse, y todo daba vueltas a su alrededor. Algunas de las personas pasaban rápido, sus caras se evaporaban, sabiendo que nunca más se iban a encontrar. Otras se quedaban observando algo. Y de esas, sólo unas pocas se fijaban en ella, se daban cuenta de su presencia.
-         -  ¿Te encuentras bien?- Su voz sonó como la sirena de una ambulancia después de un accidente, el único medio para salvarse.
-        -   Sí, estoy… - No pudo terminar la frase. Cuando levantó la mirada, sus ojos se cruzaron con un intenso verde, tan verde como las copas de los árboles en primavera.
-       -   Estás llorando y tiemblas.
Pasó el brazo alrededor de sus hombros, fuerte, seguro. Sentir el contacto con un desconocido le hizo temblar aún más. Su aspecto no le parecía nada familiar, pero se sentía cohibida al mirarlo, tenía algo especial. No sabía si tenía que ver con su voz, tan dulce pero tan firme, o con la forma en que sonreía, intentando animarla sin ni siquiera conocerla, quizá era por él mismo. Pero lo que más le intrigaban eran sus ojos. Los sentía como un espejo de la triste realidad, se estaba viendo a ella misma. Indefensa, asustada. Sólo recordando lo que había pasado dos horas atrás le hacía sudar. Quería correr, salir de allí, tan rápido como le fuera posible.

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